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Luna del cazador: que és y cómo ver la primera luna llena del otoño

Dom, 09/10/2022 - 09:19

La primera luna llena del otoño alcanza su punto álgido este domingo, un fenómeno que popularmente se conoce con muchos nombres, el más extendido: la luna del cazador.

Esta luna llega después de la conocida como 'luna de la cosecha' y está vinculada a la idoneidad para la caza, según el almanaque del agricultor, recoge la NASA en su web: "Con la caída de las hojas y el engorde de los ciervos, es hora de cazar".

"Como los cosechadores han segado los campos, los cazadores pueden ver fácilmente los animales que han salido a espigar (y a los zorros que han salido a depredar)", indica la NASA.

El primer uso escrito del término 'luna del cazador' se identificó en el Oxford English Dictionary de 1710 y fue en la década de 1930 cuando el Almanaque del Agricultor de Maine (EE UU) publicó por primera vez los nombres que los nativos americanos daban a las lunas llenas.

Con el tiempo, estos nombres se han hecho ampliamente populares y han sido utilizados, explica la NASA, que señala que esta luna llena también se llegó a conocer con los nombres de luna de viaje o luna de sangre.

La luna llena del día 9 —con vinculaciones distintas en otras culturas y calendarios— comienza oficialmente a las 21.55 h, hora peninsular española, si bien el satélite terrestre se podrá observar casi en su plenitud horas antes y hasta el martes.

Esta luna coincide con la lluvia de estrellas de las dracónidas, que se verán deslucidas. Su máximo también ha sido este fin de semana, en concreto la noche de este sábado al domingo y el brillo lunar hará difícil su 'caza'.

Las próximas lunas llenas del otoño tendrán lugar el 8 de noviembre y el 8 de diciembre.

Una espectacular bola de fuego sobrevuela el Golfo de Cádiz a 69.000 km/h

Mié, 05/10/2022 - 01:00

Los detectores que operan en el marco del proyecto SMART desde los observatorios astronómicos de Huelva, La Hita (Toledo), CAHA, OSN, La Sagra (Granada) y Sevilla grabaron este martes por la noche el paso de una bola de fuego sobre el Golfo de Cádiz a 69.000 kilómetros por hora.

Según informó el astrofísico José María Madiedo, investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) y director del proyecto SMART, esta bola de fuego fue sido grabada a las 21.04 horas y, a causa de su alta luminosidad, se pudo ver desde más de 700 kilómetros de distancia.

El bólido pudo ser observado por multitud de testigos que se hicieron eco del fenómeno en redes sociales. La mayoría de estas personas se encontraban en Andalucía y Extremadura.

Los cálculos realizados muestran que la roca que provocó este fenómeno procedía de un asteroide y entró en la atmósfera de la Tierra a una velocidad de unos 69.000 kilómetros por hora. Al chocar bruscamente contra el aire a esta gran velocidad, la superficie de la roca se calentó y se volvió incandescente, generándose así una bola de fuego que se inició a una altitud de unos 84 kilómetros sobre el Golfo de Cádiz, cerca del estrecho de Gibraltar.

Desde ese punto avanzó en dirección noroeste y se extinguió a una altitud de unos 44 kilómetros sobre el mar; a lo largo de su trayectoria mostró multitud de explosiones que provocaron aumentos súbitos de su luminosidad y que se debieron a diversas rupturas bruscas de la roca.

El proyecto SMART (Spectroscopy of Meteorids in the Athmosphere by means of Robotic Technologies) tiene como principal objetivo analizar la materia interplanetaria que impacta contra la Tierra.

Hasta siempre, SOFIA: la NASA finaliza las misiones del avión con telescopio reflector tras ocho años de actividad

Vie, 30/09/2022 - 06:21

Hoy, la NASA y sus socios de la Agencia Espacial Alemana (DLR) finalizan la misión del Observatorio Estratosférico de Astronomía Infrarroja (SOFIA) tras ocho años de trabajo.

Dicho instrumento astronómico es un avión Boeing 747SP modificado para llevar un telescopio reflector, empezó a desarrollarse en 1996, vio su primera luz en 2010 y alcanzó su plena capacidad operativa en 2014.

Durante los ocho años transcurridos ha realizado observaciones de la Luna, planetas, estrellas y regiones de formación estelar. Mientras tanto, también midió campos magnéticos de galaxias y detectó agua en áreas iluminadas por el Sol en la Luna para completar su misión principal.

Al margen de los logros, ya se había cuestionado en varias ocasiones el balance científico de SOFIA. En 2019, un análisis de la NASA advirtió que a lo largo de sus primeros seis años solo llevó a cabo 178 artículos, lejos de los 900 logrados por el telescopio espacial Hubble durante el mismo lapso de tiempo.

Su fin ahorrará una cantidad de fondos significativa a la agencia estadounidense. Al estar engarzado en un avión, su funcionamiento requería la participación de pilotos y el mantenimiento de la nave, por consiguiente, desde que se activó en 2014, el Observatorio Estratosférico de Astronomía Infrarroja calcula el registro de 800 vuelos científicos.

En el futuro, los datos de SOFIA estarán disponibles en los archivos públicos de la NASA para que los utilicen los astrónomos de todo el mundo, por ende, la agencia espacial continuará avanzando en el descubrimiento científico en astrofísica infrarroja.

Su gran misión

El 26 de octubre de 2020, la NASA afirmó en un comunicado que SOFIA presenció por primera vez agua en la superficie de la Luna iluminada por el Sol.

Concretamente, detectó moléculas de agua en el cráter Clavius, uno de los cráteres más grandes visibles desde la Tierra, ubicado en el hemisferio sur de la Luna.

Paul Hertz (director de la División de Astrofísica en la Dirección de Misiones Científicas en la Sede de la NASA en Washington) destacaba en el comunicado que "este descubrimiento desafía nuestra comprensión de la superficie lunar y plantea preguntas intrigantes sobre recursos relevantes para la exploración del espacio profundo".

Los resultados de SOFIA se basaron en años de investigaciones previas que examinaron la presencia de agua en la Luna, además, proporcionó una nueva manera de observar al satélite y pudo captar la longitud de onda específica única de las moléculas de agua.

Naseem Rangwala (científico del proyecto SOFIA en el Centro de Investigación Ames de la NASA, en Silicon Valley de California) explicaba que "fue la primera vez que SOFIA miraba la Luna y ni siquiera estábamos completamente seguros de si obtendríamos datos fiables, pero las preguntas sobre el agua de la Luna nos hicieron intentarlo. Es increíble que este descubrimiento surgiera de lo que esencialmente era una prueba".

¿Por qué la NASA jubila a SOFIA?

La NASA y DLR señalan que la elevada factura y el escaso rendimiento científico son las principales causas de la retirada de SOFIA.

Han sido ocho años de servicios, aunque la vida útil era de 20 años, pero los hallazgos no se han correspondido con la inversión y los planes que tenía la agencia espacial.

La NASA ha dedicado de manera anual cerca de 85 millones de dólares para su funcionamiento (similar al presupuesto del Hubble), no obstante, SOFIA recibe fondos del Centro Aeroespacial Alemán (contribuye el 20% de la factura operativa).

El descontento de los científicos

Walther Pelzer (jefe de la agencia espacial alemana) indica a Nature que SOFIA es un recurso "único a nivel mundial", ya que el Boeing 747SP se modificó para abrir un orificio en su costado y acoplar un telescopio de 17 toneladas para estudiar el universo durante las maniobras, a un rango de altitudes para aprovechar la escasez de vapor de agua.

Actualmente, SOFIA es el único observatorio que puede realizar análisis en ciertas longitudes de onda del infrarrojo lejano, además, el anuncio de su jubilación ha generado críticas que recalcan sus capacidades técnicas y los programas en marcha que se estaban aprovechando de sus datos.

Paul Lucey (Universidad de Hawai) manifiesta que "el cierre es desafortunado para la ciencia y la exploración linares. No hay observatorios o naves espaciales capaces de mapear la molécula de agua en la Luna iluminada", dando a entender que no existe ningún instrumento espacial que sea capaz de realizar sus misiones.

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El telescopio Hubble detecta una corona de gas que actúa como protege dos galaxias enanas satélites de la Vía Láctea

Jue, 29/09/2022 - 19:40

El sistema de las nubes de Magallanes, dos galaxias satélite de la Vía Láctea, está rodeado por una corona, un escudo protector de gas caliente sobrealimentado. Esto envuelve a las dos galaxias, evitando que la Vía Láctea desvíe sus suministros de gas y, por lo tanto, permitiéndoles continuar formando nuevas estrellas.

Este descubrimiento del Telescopio Espacial Hubble y un satélite retirado llamado Far Ultraviolet Spectroscopic Explorer (FUSE), que acaba de publicarse en Nature, aborda un aspecto novedoso de la evolución de las galaxias. "Las galaxias se envuelven en capullos gaseosos, que actúan como escudos defensivos contra otras galaxias", dijo el coinvestigador Andrew Fox del Instituto de Ciencias del Telescopio Espacial.

Los astrónomos predijeron la existencia de la corona hace varios años. "Descubrimos que si incluimos una corona en las simulaciones de las Nubes de Magallanes cayendo sobre la Vía Láctea, podríamos explicar por primera vez la masa de gas extraído", explicó en un comunicado Elena D'Onghia, coinvestigadora de la Universidad de Wisconsin-Madison. "Sabíamos que la Gran Nube de Magallanes debería ser lo suficientemente masiva como para tener una corona".

Corona invisible

Pero aunque la corona se extiende a más de 100.000 años luz desde las nubes de Magallanes y cubre una gran parte del cielo del sur, en la práctica es invisible. Mapearlo requirió rastrear 30 años de datos archivados para obtener mediciones adecuadas.

Los investigadores creen que la corona de una galaxia es un remanente de la nube primordial de gas que colapsó para formar la galaxia hace miles de millones de años. Aunque se han visto coronas alrededor de galaxias enanas más distantes, los astrónomos nunca antes habían podido sondear una con tanto detalle como este.

En busca de evidencia directa de la Corona de Magallanes, el equipo revisó los archivos del Hubble y FUSE en busca de observaciones ultravioleta de cuásares ubicados a miles de millones de años luz detrás de ella. Los cuásares son los núcleos extremadamente brillantes de las galaxias que albergan enormes agujeros negros activos.

El equipo razonó que aunque la corona sería demasiado tenue para verse por sí sola, debería ser visible como una especie de niebla que oscurece y absorbe distintos patrones de luz brillante de los cuásares en el fondo. Las observaciones de cuásares del Hubble se utilizaron en el pasado para mapear la corona que rodea la galaxia de Andrómeda.

Mediante el análisis de patrones en luz ultravioleta de 28 cuásares, el equipo pudo detectar y caracterizar el material que rodea la Gran Nube de Magallanes y confirmar que existe la corona. Como se predijo, los espectros del cuásar están impresos con las distintas firmas de carbono, oxígeno y silicio que forman el halo de plasma caliente que rodea la galaxia.

La capacidad de detectar la corona requería espectros ultravioleta extremadamente detallados. "La resolución de Hubble y FUSE fueron cruciales para este estudio", explicó Krishnarao. "El gas de la corona es tan difuso que apenas está allí".

Al mapear los resultados, el equipo también descubrió que la cantidad de gas disminuye con la distancia desde el centro de la Gran Nube de Magallanes. "Es una firma reveladora perfecta de que esta corona realmente está ahí", dijo Krishnarao. "Realmente está envolviendo a la galaxia y protegiéndola".

La empresa española encargada de salvarnos del impacto de un asteroide: "Ya ocurrió con los dinosaurios, así que podría volver a pasar"

Mié, 28/09/2022 - 10:47

En 1996, el astrónomo estadounidense Joe Montani descubrió un asteroide durante sus observaciones con el telescopio Spacewatch, en la Universidad de Arizona. El cuerpo celeste fue posteriormente nombrado Didymos y también se descubrió que, en realidad, se trataba de un sistema formado por dos asteroides.

Montani, que también fue el que bautizó a su descubrimiento, no podía imaginar entonces que pasaría a la historia como la persona que avistó al primer asteroide que cambiará su trayectoria por obra de la humanidad.

La nave espacial encargada de esta misión partió el pasado mes de noviembre y se estima que impactará con el asteroide más pequeño del sistema -bautizado como Dimorphos- este mismo otoño, intentando desviar su ruta, que, en cualquier caso, no tiene como dirección nuestro planeta.

De vuelta a la Tierra, concretamente a la localidad madrileña de Tres Cantos, un edificio gris en medio de un polígono industrial alberga la sede de GMV, la empresa española que forma parte de la misión conjunta entre las agencias espaciales estadounidense -NASA- y europea -ESA- para desviar el asteroide Dimorphos.

"Aunque este asteroide no está catalogado como potencialmente peligroso, todo esto servirá para obtener datos científicos que serán muy importantes para calibrar los modelos que tenemos para que podamos hacer algo en el caso de que realmente haya un objeto que se está acercando peligrosamente a la Tierra", explica Mariella Graziano, directora ejecutiva de sistemas de vuelo y robótica de GMV.

Esta empresa tecnológica española desarrolla el sistema de guiado, navegación y control de Hera, la misión de la agencia espacial europea.

Sistema de defensa planetaria

Veinte años después de que Montani avistara por primera vez Didymos, la NASA estableció la Oficina de Coordinación de Defensa Planetaria (PDCO) con el objetivo de detectar y advertir sobre asteroides y cometas potencialmente peligrosos y para estudiar medios para mitigar el peligro cuando sea posible.

Todas las posibles acciones frente a un asteroide con capacidad de acabar con la vida en la Tierra habían sido teóricas hasta que los científicos de la NASA descubrieron que Dimorphos, debido a que estará relativamente cerca de la Tierra a finales de este año, era un objetivo perfecto para probar sus cálculos. Con un diámetro de 160 metros, sería lo bastante grande como para destruir una ciudad entera si llegara a chocar con la Tierra, según la ESA.

El complemento de la misión de la NASA, que fue bautizada como DART (Prueba de redireccionamiento doble de asteroides), es Hera, gestionada por la ESA. La fecha de lanzamiento de esta última es octubre de 2024 y, tras un trayecto por el espacio de más de dos años, culminará con un aterrizaje sobre el asteroide en diciembre de 2026.

"La parte ESA es muy compleja, porque por primera vez tendremos que ir al lado de este esteroide ponernos cerca, realizar mediciones, hacer fotos del cráter, hacer fotos de de todo, hasta de los gases sobre todo lo que está pasando y adquirir datos científicos que son indispensables para una acción de defensa planetaria", declara Graziano.

La respuesta frente a una potencial catástrofe

La pesadilla de que un meteorito se dirija irremisiblemente a la Tierra con consecuencias catastróficas ha sido un tema recurrente en Hollywood, con películas como Armageddon, Deep Impact o la más reciente Don’t Look Up.

Muy acorde con la espectacularidad que suele caracterizar a las superproducciones estadounidenses, la respuesta suele ser que la gran potencia mundial envíe un dispositivo nuclear para tratar de acabar con la amenaza, salvando al resto del planeta.

La realidad, según Graziano, es que esa sería la última opción y conllevaría riesgos adicionales. "Cuando explotas algo pierdes el control de las piezas, entonces, esto es una técnica que se puede usar si realmente no te queda más remedio, si es un objeto que es muy grande que está llegando con poco tiempo", explica la ingeniera aeroespacial.

¿Cuál sería entonces la opción más viable para evitar el apocalipsis si un asteroide se dirigiera directo a nuestro planeta? Según Graziano, todo es cuestión del tiempo que se tenga para responder y del tamaño del cuerpo celeste. Si hay tiempo, el impacto cinético, el método que se va a poner a prueba con Dimorphos, es lo más apropiado.

"Hay una relación muy importante entre el tiempo y las dimensiones, tienes que pensar que el espacio muy grande, entonces, si sabes con mucho tiempo, estoy hablando de años, 10 años, si sabes que un objeto puede ser peligroso, una pequeña desviación puede hacer que se mueva porque se va a desplazar por un pequeño golpe", explica Graziano.

Existen otras alternativas, algo menos estudiadas. La ablación láser, consistente en golpear con tecnología láser al asteroide para modificar su trayectoria mediante la vaporización de parte de la roca. La columna de partículas y gases resultantes actuarían en sentido contrario a la trayectoria del asteroide, desviándolo.

Finalmente, también, en teoría, se podría lograr desviar la amenaza sin tener que golpearla de ninguna forma, mediante el conocido como tractor gravitatorio. En este caso, una sonda espacial volaría junto al asteroide, impulsándose para no colisionar y usando la fuerza de la gravedad para atraer a la roca fuera de su órbita.

¿Una amenaza real?

Fracase o no la misión conjunta de la NASA y la ESA en el sistema Didymos, estos dos asteroides pasarán de largo, y no supondrán en ningún caso una amenaza para nuestro planeta. Pero el universo está plagado de cuerpos en desplazamiento, de hecho unas 17.000 meteoritos acaban desintegrados anualmente al entrar en contacto con la atmósfera terrestre.

Rodeada de pantallas con vídeos que simulan el impacto de la nave DART o el aterrizaje de la misión Hera en Dimorfos, Graziano señala una maqueta a escala de los dos cuerpos celestes objetivo de sendas misiones.

- ¿Qué posibilidad hay de que un meteorito potencialmente peligroso se acerque a la Tierra?

- "Que haya una alarma de algo que está llegando a la tierra, no, no lo hay. Ahora mismo no, pero es una posibilidad porque ha sucedido en el pasado por lo cual es una posibilidad. Los dinosaurios se extinguieron por esto", responde Graziano.

- ¿Estaríamos preparados para responder a algo así?

- "Si llegara una asteroide del tamaño del que extinguió a los dinosaurios… habría que verlo".

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Qué es un asteroide tipo pila de escombros, la estructura interna que se cree que tiene Dimorphos

Mié, 28/09/2022 - 06:39

La NASA ha logrado que su sonda DART impactase exitosamente contra el asteroide Dimorphos, de 160 metros de diámetro. Este cuerpo espacial orbita alrededor de Didymos, de 780 metros de diámetro, y se cree que se trata de un asteroide tipo pila de escombros.

La doctora Carolyn Ernst, científica de instrumentos del sistema de cámara de DART lo explicaba en la BBC: "Se parece en muchos aspectos a algunos de los otros asteroides pequeños que hemos visto, y también están cubiertos de rocas. Por lo tanto, sospechamos que es probable que sea una pila de escombros, un poco consolidada".

¿Qué es un asteroide tipo pila de escombros?

Los astrónomos catalogan como asteroides tipo pila de escombros a aquellos cuerpos celestes que deambulan por el espacio y que, realmente, son la unión de una gran cantidad de trozos de roca a causa de la gravedad. Estos objetos espaciales suelen ser de baja densidad, ya que cuentan con distintos huecos entre las distintas partes que lo forman.

Se cree que la mayoría de asteroides pequeños son de tipo pila de escombros. Su cuerpo está construido a partir de trozos de otros asteroides o de satélites naturales que, al impactar con otro objeto espacial, se rompe en pedazos.

Cuando un meteorito tipo pila de escombros pasa cerca de un objeto espacial más grande, puede suponer la adhesión del mismo a su órbita. Por ejemplo, se cree que Forbos, el mayor de los dos satélites naturales de Marte, está formado por un montón de escombros espacial.

También se estima que Bennu y Ryudu, dos asteroides próximos a la Tierra y de baja densidad, podrían ser de tipo pila de escombros.

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Un astrofísico español, sobre DART: "Es imposible que el asteroide cambie el rumbo y se convierta en una amenaza para la Tierra"

Mar, 27/09/2022 - 09:46

Conseguido: la NASA ha logrado por primera vez en la historia la colisión por impacto cinético de una nave espacial contra un asteroide. Una maniobra que supone un hito en la defensa planetaria, ya que nos puede proporcionar información muy valiosa sobre cómo deberíamos afrontar la posible futura amenaza de un cuerpo celeste.

Hablamos de DART, la misión de la NASA -en la que participan otras entidades internacionales- que pretende demostrar que el impacto cinético de un artefacto -en este caso una nave espacial de unos 550 kilogramos de masa y de mayor tamaño que un autobús- puede cambiar la órbita de un asteroide y, por lo tanto, desviarlo.

El impacto de DART contra el asteroide Dimorphos va a ser "fundamental para poder tarar todos los modelos de colisión que ya existen", explicaba Adriano Campo Bagatin, físico doctorado en Astronomía involucrado en la misión DART a través de la Universidad de Alicante.

"En el caso de que haya una potencial amenaza futura, en primer lugar, ya conoceríamos cuál sería el efecto de un impacto de este tipo, por lo que podríamos escalar la masa, la velocidad y el resto de los parámetros según las necesidades -según el tamaño, la distancia y la velocidad del asteroide que se acercase a la Tierra-. Se podría incluso tener preparadas una serie de sondas y solo faltaría subirlas a un cohete y apuntar al objetivo. Por lo tanto, conociendo esta posible amenaza con al menos un par de años de antelación, podría ser posible evitarla", añadía.

Sin embargo, muchos se preguntan si esta colisión ha podido tener efectos adversos. ¿Hay alguna posibilidad de que con la maniobra de DART hiciéramos que este asteroide, actualmente inofensivo, cambiase radicalmente su rumbo y se convirtiera en una amenaza para la Tierra?

"La respuesta es radicalmente no. No hay ninguna posibilidad de que eso ocurra, está calculado de manera inequívoca", subrayaba para 20BITS el astrofísico Campo.

¿Cuál sería el alcance de los daños en una amenaza real?

El 15 de febrero de 2013, un asteroide no detectado entró en la atmósfera de la Tierra y explotó sobre Chelyabinsk, Rusia, provocando un estallido en el aire y una onda expansiva que golpeó a seis ciudades de la región. La explosión hirió a más de 1.600 personas y causó daños estimados en 30 millones de dólares.

"Fue un claro recordatorio de que potencialmente objetos peligrosos pueden entrar en la atmósfera de la Tierra en cualquier momento, y que incluso los relativamente pequeños pueden ser de preocupación", afirman desde la agencia espacial estadounidense. El objeto de Chelyabinsk tenía un tamaño de aproximadamente 18 metros.

Para estar ante un destructor total tendríamos que estar en el camino de un asteroide de 10.000 metros de diámetro, si bien uno de 1.000 ya podría suponer una devastación global y un posible colapso de la civilización. La buena noticia es que este tipo de objetos son muy poco abundantes y su frecuencia de colisión contra la Tierra es de 1 cada 100-200 millones de años.

Un asteroide de unos pocos metros se fragmentaría al entrar en contacto con nuestra atmósfera, y, aparte de un cierto resplandor y algunos meteoritos consecuencia de la fragmentación inicial, no tendría mayores consecuencias.

Si un asteroide como Dimorphos, de tamaño medio, viniera hacia la Tierra produciría la devastación total de un área equivalente a una provincia, pérdida masiva de vidas y un cráter de 1-2 kilómetros de diámetro. La frecuencia de colisión de un objeto como este es de 1 cada 20.000 años, aproximadamente, pero se estima que hay alrededor de 25.000 cuerpos celestes de ese tipo acechando ahí fuera.

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¿Qué pasaría si un asteroide como Dimorphos se estrellara contra la Tierra?

Mar, 27/09/2022 - 09:15

Según la NASA, se considera peligroso cualquier objeto celeste que supere los 140 metros de diámetro y pueda aproximarse a menos de 10 millones de kilómetros de la Tierra. Dimorphos tiene unos 160 metros y se encuentra a 11 millones de kilómetros, por lo que actualmente NO supone ningún tipo de amenaza para nuestro planeta.

En astronomía, los objetos próximos a la Tierra -más conocidos por su acrónimo en inglés NEO, siglas de Near Earth Object- son cometas y asteroides atrapados por la atracción del Sol o los distintos planetas, en órbitas que podrían hacerlos penetrar en las cercanías de nuestro mundo.

Desde hace años, varios observatorios en distintos puntos de nuestro planeta rastrean el cielo nocturno en busca de uno de estos dañinos visitantes. Hasta ahora se han descubierto unos 20.000 asteroides cuya órbita puede acercarlos a nuestro planeta. De estos, 5.000 están dentro de la clasificación NEO. No obstante, la NASA asegura que de momento no hay riesgo para los próximos 100 años -si bien solo se ha rastreado alrededor del 40% de esos objetos-.

Actualmente, la mayor parte de asteroides que podrían representar un peligro real son de ‘pequeñas’ dimensiones. Para hacernos una idea, el que acabó con los dinosaurios era de unos diez kilómetros de diámetro, mientras que la mayoría de los que se han catalogado no pasan de unos centenares de metros.

Para estar ante un destructor total tendríamos que estar en el camino de un asteroide de 10.000 metros de diámetro, si bien uno de 1.000 ya podría suponer una devastación global y un posible colapso de la civilización. La buena noticia es que este tipo de objetos son muy poco abundantes y su frecuencia de colisión contra la Tierra es de 1 cada 100-200 millones de años.

Un asteroide de unos pocos metros se fragmentaría al entrar en contacto con nuestra atmósfera, y, aparte de un cierto resplandor y algunos meteoritos consecuencia de la fragmentación inicial, no tendría mayores consecuencias.

Si un asteroide como Dimorphos, de tamaño medio, viniera hacia la Tierra produciría la devastación total de un área equivalente a una provincia, pérdida masiva de vidas y un cráter de 1-2 kilómetros de diámetro. La frecuencia de colisión de un objeto como este es de 1 cada 20.000 años, aproximadamente, pero se estima que hay alrededor de 25.000 cuerpos celestes de ese tipo acechando ahí fuera.

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DART logra con éxito su primer objetivo: chocar contra un asteroide a 11 millones de kilómetros

Mar, 27/09/2022 - 06:49

La agencia espacial estadounidense ha hecho hoy historia, culminando con éxito la primera prueba de defensa de la humanidad contra asteroides por impacto cinético. Un experimento de más de 330 millones de dólares que lleva años gestándose y en el que han participado cientos de organizaciones y entidades, entre ellas la Agencia Espacial Europea (ESA).

Durante la madrugada de este martes, la nave espacial DART -siglas en inglés de ‘prueba de redireccionamiento de doble asteroide’- se ha estrellado cual avión kamikaze contra el asteroide Dimorphos, una roca de 160 metros que se encuentra 11 millones de kilómetros de nuestro planeta. Acertar en ese ‘pequeño’ blanco a esa distancia y yendo a unos 22.000 kilómetros por hora ya es de por sí una proeza. Pero es que, además, lo ha hecho navegando de forma autónoma durante el último tramo del recorrido y grabando y transmitiendo en todo momento lo que tenía delante. Todo gracias a las últimas tecnologías que incorporaba la sonda de la NASA.

Dar en la diana no era una tarea fácil: “Hablamos de un objeto de 160 metros y de un cuerpo que en el momento del impacto estará a 11 millones de kilómetros de la Tierra. Es como acertar en un hoyo de golf... en la Luna”, explicaba para 20BITS Adriano Campo, físico doctorado en Astronomía involucrado en la misión DART a través de la Universidad de Alicante. Además, habíaotra complicación, que es el hecho de que las últimas cuatro horas de navegación de DART han sido autónomas, es decir, mediante un algoritmo que ha localizado el objetivo y ha llevado a la sonda hasta dar en el blanco.

Así han sido los últimos segundos antes del impacto

A las 19.14 hora local del este de Estados Unidos -1.14 hora peninsular española-, la nave DART -dardo en inglés- se ha estrellado a una velocidad de 6,4 kilómetros por segundo contra la superficie del asteroide Dimorphos, situado a unos 11 millones de kilómetros de la Tierra.

DART se ha hecho añicos contra la superficie, pero la pérdida ha merecido la pena, ya que su impacto ha logrado su primer objetivo: colisionar contra Dimorphos. Se ha optado por esta maniobra porque destruir el meteorito podría haber acabado en desastre con cientos de rocas cayendo sobre la Tierra, explicaba antes del impacto, el administrador de la NASA, Bill Nelson, explicó en Twitter.

En los próximos días comprobaremos si DART ha modificado la actual órbita de Dimorphos alrededor del asteroide de mayor tamaño Didymos.

¿Qué se pretende lograr con la misión?

Si bien ni Dimorphos ni Didymos representa una amenaza para la Tierra, esta maniobra pretende ayudarnos en la defensa ante objetos potencialmente peligrosos que podrían devastar ciudades o regiones de nuestro planeta. Es decir: este sistema binario de asteroides es un campo de pruebas para una futura amenaza real.

Desde hace años, varios observatorios en distintos puntos de nuestro planeta rastrean el cielo nocturno en busca de uno de estos dañinos visitantes. Hasta ahora se han descubierto unos 20.000 asteroides cuya órbita puede acercarlos a nuestro planeta. La NASA considera peligroso cualquiera que supere los 140 metros de diámetro y pueda aproximarse a menos de 10 millones de kilómetros, lo que se traduce en unos 5.000 en total. No obstante, aseguran que de momento no hay riesgo para los próximos 100 años -si bien solo se ha rastreado alrededor del 40% de esos objetos-.

Actualmente, la mayor parte de asteroides que podrían representar un peligro real son de ‘pequeñas’ dimensiones. Para hacernos una idea, el que acabó con los dinosaurios era de unos diez kilómetros de diámetro, mientras que la mayoría de los que se han catalogado no pasan de unos centenares de metros.

Recordemos que el 15 de febrero de 2013, un asteroide no detectado entró en la atmósfera de la Tierra y explotó sobre Chelyabinsk, Rusia, provocando un estallido en el aire y una onda expansiva que golpeó a seis ciudades de la región. La explosión hirió a más de 1.600 personas y causó daños estimados en 30 millones de dólares. El objeto tenía un tamaño de aproximadamente 18 metros. El resultado de un impacto de uno de un tamaño mayor podría tener consecuencias devastadoras.

Lograr desviar a Dimorphos “va a ser fundamental para poder tarar todos los modelos de colisión que ya existen. Así, en el caso de que haya una potencial amenaza futura, en primer lugar, ya conoceríamos cuál sería el efecto de un impacto de este tipo, por lo que podríamos escalar la masa, la velocidad y el resto de los parámetros según las necesidades -según el tamaño, la distancia y la velocidad del asteroide que se acercase a la Tierra-. Se podría incluso tener preparadas una serie de sondas y solo faltaría subirlas a un cohete y apuntar al objetivo. Por lo tanto, conociendo esta posible amenaza con al menos un par de años de antelación, podría ser posible evitarla”, detallaba el astrofísico Campo.

¿Hay alguna posibilidad de que con la maniobra de DART hiciéramos que este asteroide, actualmente inofensivo, cambiase radicalmente su rumbo y se convirtiera en una amenaza para la Tierra?

"La respuesta es radicalmente no. No hay ninguna posibilidad de que eso ocurra, está calculado de manera inequívoca", subrayaba para 20BITS Adriano Campo.

¿Y ahora qué?

Aunque el impacto pudo verse en la retransmisión en directo de la NASA, los científicos tendrán que esperar días o incluso semanas para recabar la información necesaria para comprobar si la nave no tripulada ha logrado alterar ligeramente la órbita del asteroide.

Desde la NASA creen que el impacto de DART sobre Dimorphos puede haber provocado un cráter y lanzado pequeños fragmentos rocosos al espacio. No obstante, esto también tendrá que ser comprobado en los próximos días por LICIACube, un pequeño satélite desarrollado por la Agencia Espacial Italiana que observó la operación para tomar imágenes del impacto y enviárselas a los científicos para que las evalúen.

El impacto debería haber desviado la órbita del asteroide Dimorphos, el satélite de Didymos. Posteriormente se medirá esa desviación. ¿Cómo? Gracias a los telescopios terrestres: se sabe debido a las mediciones hechas desde la Tierra cuánto tardaba Dimorphos en dar una vuelta completa alrededor de Didymos antes del impacto, ahora se tendrá que observar después de la colisión cuánto le cuesta hacer esta misma maniobra. La diferencia de tiempo nos ofrecerá como resultado conocer cómo ha sido el impulso que DART ha entregado al asteroide.

La misión continúa

Dentro de dos años, la Agencia Espacial Europea pondrá en marcha la misión Hera, cuyo objetivo es rodear a Dimorphos, mapeando su superficie, midiendo su masa y determinando el efecto de DART en su órbita. Además, dos CubeSats -pequeños satélites del tamaño de un maletín- aterrizarán sobre el asteroide para recopilar datos sobre la composición y el origen de la roca. Hera tiene previsto su lanzamiento en 2024 y su encuentro con el sistema Didymos en 2026.

El astrofísico Adriano Campo opinaba que, aunque todo salga bien, “es muy posible que tengamos que hacer otro experimento”. “En mi opinión, yo creo que lo que se tendría que hacer después es, que si hay parámetros críticos que se quedan sin poder entender, plantear otra misión para aclararlos”.

Además, añadía, “este es un objeto de un tipo determinado, hecho sobre todo de rocas, pero no todos los cuerpos cercanos a la Tierra son iguales, algunos son más porosos, hechos de rocas con más porcentaje de carbono y, por tanto, más ligeros. En estos, tal vez la reacción y el resultado de un impacto fuera distinto”.

En lo tocante a la misión Hera, desde el equipo de Campo también estudian la parte de la estructura interna tanto de Didymos, el asteroide principal, como de Dimorphos, así como el mecanismo de formación de estos sistemas binarios. “Partimos de la hipótesis de que estos cuerpos se pueden clasificar bajo el tipo ‘pila de escombros’ -rubble-pile en inglés-, un tipo de asteroide formado por rocas de diferentes tamaños unidas solo por la autogravedad o por pequeñas fuerzas cohesivas, es decir, que se forman, muy probablemente, a partir de los restos de una colisión entre asteroides. Conocer realmente el tipo de estructura del asteroide será fundamental para entender el resultado de la colisión”, explicaba.

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Misión DART: "Es un objeto de 160 metros a 11 millones de kilómetros. Es como acertar en un hoyo de golf… en la Luna"

Jue, 22/09/2022 - 14:46

La nave espacial Double Asteroid Redirection Test (DART) de la NASA ha llegado casi a su destino. Esta sonda, de unos 19 metros de tamaño y 580 kilogramos de peso, está destinada a chocar con Dimorphos, la luna del asteroide Didymos.

Tras su lanzamiento a finales de noviembre, DART ha navegado por el espacio y hasta hace unos días no pudimos ver por fin las primeras imágenes de Dimorphos, de unos 160 metros de diámetro, y Didymos, de 780 metros de diámetro.

Y ahora ¿solo? tiene que impactar contra su objetivo: estando a 11 millones de kilómetros de distancia de la Tierra, y haciendo ese último trayecto de forma autónoma, el final de la misión es que DART acierte como un dardo en la diana, estrellándose a una velocidad de aproximadamente 27.760 kilómetros por hora -6,6 kilómetros por segundo- en la pequeña luna asteroide Dimorphos, que orbita a Didymos.

Los científicos esperan que este impacto cambie la órbita del asteroide, probablemente dejando un cráter en el mismo para la posteridad.

Posteriormente al impacto, la misión Hera de la Agencia Espacial Europea (ESA) volará hasta el cuerpo receptor del impacto para llevar a cabo un análisis en profundidad del cráter formado, de la masa del asteroide y de muchos más elementos, extrayendo de este importante experimento datos sobre una técnica de defensa planetaria controlada y repetible.

Para saber un poco más, en 20BITS hemos entrevistado a Adriano Campo Bagatin, físico doctorado en Astronomía involucrado en la misión DART a través de la Universidad de Alicante.

¿Cuál es la implicación de equipos e instituciones españolas en DART?

Por un lado, el Instituto de Astrofísica de Canarias participa con un grupo de personas que, sobre todo, se encarga de la parte de observaciones del evento, tanto en los días previos como en los días siguientes. Hay que tener en cuenta que en el momento del impacto este objeto solo se podrá observar desde el hemisferio sur de África. En las semanas siguientes pasará a poderse observar en el hemisferio norte, por lo que el Observatorio del Roque de los Muchachos (ORM) en La Palma será un enclave muy importante.

Existe también otro equipo en el Centro de Astrobiología (CAB) de Madrid que hace trabajo experimental sobre la formación de cráteres, por lo que su implicación será en mayor medida tras el impacto, a partir de los datos que se obtengan.

Finalmente, por nuestra parte, estamos implicados desde hace tiempo tanto en DART como en Hera, la parte de la misión que lidera la ESA.

¿Qué tipo de investigaciones previas se están haciendo desde su equipo?

Nosotros lo que hacemos son modelos numéricos para intentar entender cómo será la propagación de la energía tras el choque de la nave en el asteroide Dimorphos y si esta colisión puede provocar que haya una sacudida alejada del punto de impacto que pudiera generar una salida de polvo a más velocidad de la debida.

Asimismo, y más en lo tocante a la misión Hera, desde mi equipo también estudiamos la parte de la estructura interna tanto de Didymos, el asteroide principal, como de Dimorphos, así como el mecanismo de formación de estos sistemas binarios. Partimos de la hipótesis de que estos cuerpos se pueden clasificar bajo el tipo ‘pila de escombros’ -rubble-pile en inglés-, un tipo de asteroide formado por rocas de diferentes tamaños unidas solo por la autogravedad o por pequeñas fuerzas cohesivas, es decir, que se forman, muy probablemente, a partir de los restos de una colisión entre asteroides. Conocer realmente el tipo de estructura del asteroide será fundamental para entender el resultado de la colisión.

Finalmente, también intentamos conocer si es posible que haya una nube de polvo en torno al sistema binario de asteroides debido a que Didymos está girando muy rápidamente: da un giro completo, una vuelta sobre sí mismo, en apenas dos horas y cuarto, lo que está justo al límite de la inestabilidad, es decir, si girara más rápido no podría mantenerse unido. Debido a esto, puede ser que haya polvo o incluso piedras grandes que se hayan soltado de la zona ecuatorial del asteroide y puedan estar en órbita en torno al cuerpo.

¿Qué consecuencias tendría que hubiera mucho polvo? ¿Y encontrar rocas descontroladas? ¿Nos impediría esto observar el evento?

Presumiblemente la nube no sería tan densa para no poder observar el impacto, pero es algo a lo que nos exponemos, porque no sabemos en este momento si esa situación está ocurriendo o no. Solo podremos ver algo cuando nos acerquemos mucho al objeto en los minutos previos a la colisión.

En cuanto a dañarse, la sonda DART, con su velocidad y su tamaño, si encuentra partículas de polvo no tendría ningún problema. No le ocurriría nada.

Con la información que tenemos, ¿qué es lo que se espera que pase más probablemente?

En primer lugar, esperamos dar en el asteroide [se ríe]. Ser capaces de acertar en Dimorphos. Hay que tener en cuenta que esto es un experimento, una demostración de tecnología espacial, por lo que el resultado podría ser que demostrásemos que no hemos podido acertar… al fin y al cabo hablamos de un objeto de 160 metros y de un cuerpo que en el momento del impacto estará a 11 millones de kilómetros de la Tierra. Es como acertar en un hoyo de golf… en la Luna. Además, hay otra complicación, que es el hecho de que las últimas cuatro horas de navegación de DART son autónomas, es decir, tiene un algoritmo que tiene que seguir el objetivo y dar en el blanco.

Si logramos acertar, el impacto tiene que desviar la órbita del asteroide Dimorphos, el satélite de Didymos, y posteriormente mediremos esa desviación. ¿Cómo? Gracias a los telescopios terrestres: sabemos debido a las mediciones hechas desde la Tierra cuánto tarda Dimorphos en dar una vuelta completa alrededor de Didymos antes del impacto, tendremos que observar después de la colisión cuánto le cuesta hacer esta misma maniobra. La diferencia de tiempo nos ofrecerá como resultado conocer cómo ha sido el impulso que DART ha entregado al asteroide.

¿Cómo somos capaces de calcular esto?

Nosotros conocemos la velocidad de la sonda -27.760 kilómetros por hora o 6,6 kilómetros por segundo- y su masa -580 kilogramos-. Sabiendo esto, veremos qué cambio en la velocidad del asteroide somos capaces de provocar.

¿Para qué va a servir esta misión?

Va a ser fundamental para poder tarar todos los modelos de colisión que ya existen. Así, en el caso de que haya una potencial amenaza futura, en primer lugar, ya conoceríamos cuál sería el efecto de un impacto de este tipo, por lo que podríamos escalar la masa, la velocidad y el resto de los parámetros según las necesidades -según el tamaño, la distancia y la velocidad del asteroide que se acercase a la Tierra-. Se podría incluso tener preparadas una serie de sondas y solo faltaría subirlas a un cohete y apuntar al objetivo.

Por lo tanto, conociendo esta posible amenaza con al menos un par de años de antelación, podría ser posible evitarla.

¿Y si no conseguimos el objetivo de la misión?

Aunque haya participación europea, esto es una misión de NASA… así que si las cosas no van como se ha previsto, sería NASA quien evaluaría las circunstancias y la situación y la que tomaría las decisiones oportunas sobre cómo seguir.

¿Qué es lo peor que nos podemos encontrar a la hora de ir a realizar el impacto?

Tal vez el caso más patológico sería que cuando llegásemos a los momentos previos al impacto encontrásemos que se ha desprendido una roca del asteroide del tamaño de una habitación o un coche que se encuentra justo en la trayectoria de DART… vale que la gente gana la lotería, pero solo tendríamos un boleto [se ríe]. Sería un caso muy poco probable.

Es importante subrayar que realmente no sabemos cómo son estos objetos, de hecho, no sabemos certeramente ni la forma exacta de Dimorphos, hemos hecho un modelo tipo elipsoide, pero no conocemos la realidad porque todavía no lo hemos podido observar. Tampoco sabemos cómo es la superficie ni lo que hay debajo de la superficie. No sabemos si le vamos a dar perpendicularmente o en una zona donde haya una colina, por ejemplo, y entonces le daríamos de lado… Los modelos que hacen los equipos encargados de estudiar el impacto dicen que se podría generar un cráter después del impacto, pero también podría deformarse. Existen todavía muchas cuestiones que no podemos resolver hasta después de observar el evento.

Y si todo sale bien… ¿cuál sería el siguiente paso? ¿Volveríamos a intentarlo?

Es una buena pregunta. Ni NASA ni ESA tienen por ahora previsto hacer otro experimento de este tipo. Creo que la estrategia actual es ver cómo sale este y ver cuánto entendemos a partir de esto. En mi opinión, yo creo que lo que se tendría que hacer después es, que si hay parámetros críticos que se quedan sin poder entender, plantear otra misión para aclararlos.

Además, este es un objeto de un tipo determinado, hecho sobre todo de rocas, pero no todos los cuerpos cercanos a la Tierra son iguales, algunos son más porosos, hechos de rocas con más porcentaje de carbono y por tanto más ligeros. En estos, tal vez la reacción y el resultado de un impacto fuera distinto.

Siendo realistas es muy posible que tengamos que hacer otro experimento.

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Temor planetario a un 'evento Carrington': ¿cómo afectaría una megatormenta solar a la sociedad actual y a su tecnología?

Sáb, 17/09/2022 - 20:50

¿Una aurora boreal en Madrid? Ya pasó. Fue en 1859, cuando tuvo lugar la tormenta solar más potente jamás registrada. Tan potente fue que en agosto de aquel año se vieron auroras en zonas de latitud media, como la capital española o Roma, pero también en Santiago de Chile, La Habana, Ciudad de Panamá, en el norte de Colombia o en Australia, en el hemisferio sur.

Fue la interacción más violenta que nunca se ha registrado entre la actividad solar y la Tierra. El día 28 de agosto aparecieron numerosas manchas solares se declararon numerosas áreas con llamaradas. La acción del viento solar sobre la Tierra aquel año fue, con diferencia, la más intensa de la que se tiene constancia.

La de 1859 fue la interacción más violenta que nunca se ha registrado entre la actividad solar y la Tierra

Conocido como evento Carrington -por el astrónomo inglés Richard Carrington que fue el primero en observarla-, se considera la tormenta solar más potente registrada en la historia. Aquella Eyección de Masa Coronal (CME por sus siglas en inglés) lanzó al espacio una cantidad de energía equivalente a la liberada por diez mil millones de bombas atómicas.

Para hacernos una idea, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) utiliza la "escala G" de tormentas geomagnéticas para medir la fuerza de las erupciones solares. La escala va del 1, el nivel más bajo, al 5, el máximo. Esta tormenta solar habría sido clasificado como G5.

La gran eyección de masa coronal o llamarada solar de 1859 causó el fallo de la tecnología, la de aquel momento. De las máquinas de telégrafo de París saltaban chispas. La red se cayó durante 14 horas en toda Europa y Estados Unidos. Los cables del telégrafo sufrieron cortes y cortocircuitos que provocaron numerosos incendios. Aunque también, por superabundancia de electricidad en el aire, las máquinas de telégrafo enviaban mensajes de larga distancia sin la ayuda de baterías.

La Tierra se salvó por los pelos en 2012

Pero, ¿qué pasaría hoy con una tormenta solar similar? ¿Qué efecto tendría sobre nuestras multiples tecnologías? Hace diez años casi nos enteramos. El 23 de julio de 2012 una eyección de masa coronal muy parecida a la del evento Carrington cruzó la órbita terrestre sólo 9 días después de que la Tierra pasara por ese punto. El planeta, nuestra civilización, se salvó por poco de un inmenso desastre.

El 23 de julio de 2012 una eyección solar parecida a la de 1859 pasó cerca de la Tierra

Satélites, sistemas de electricidad, tecnologías eléctricas y digitales se habrían visto severamente afectadas. O sea, durante días y semanas nada habría funcionado. Según algunos estudios, sólo en EE UU, el costo de reponer el sistema eléctrico dañado habría llevado cuatro años y una factura de unos 2.6 billones de dólares, cuenta Charles Q. Choi en Live Science.

Unos años antes, en 1989, sí sufrimos una tormenta solar, pero no tan intensa como el evento Carrington. En sólo minuto y medio, una tormenta geomagnética dejó sin luz a toda la provincia canadiense de Quebec. Según calcula la NASA, seis millones de clientes quedaron a oscuras durante nueve horas. También dañó transformadores en lugares tan lejanos como Nueva Jersey y estuvo a punto de dejar fuera de servicio las redes eléctricas de EE UU desde la costa este hasta el noroeste del Pacífico.

Sin telecomunicaciones, transportes ni alimentos

Como la probabilidad de un suceso parecido al de 1859 existe, son varios los organismos -científicos o no- que se han ocupado de imaginar sus consecuencias. Un estudio de 2013 del gigante británico de los seguros Lloyd's calculó que los cortes eléctricos podrían suponer una pérdida de ingresos de hasta 2,6 billones de dólares solo para la industria eléctrica norteamericana.

Este trabajo predijo apagones globales de hasta años de duración porque el suceso habría dañado simultáneamente un gran número de transformadores de alto voltaje. Ello, a su vez, podría provocar importantes interrupciones en los mercados financieros, la banca, las telecomunicaciones, las transacciones comerciales, los servicios de emergencia y hospitalarios o el transporte de combustible y alimentos.

Hay pruebas de que el sol puede producir "superflores" que desaten una energía 10 veces mayor que la de la tormenta de 1859

Otra investigación, ésta de 2017, estimó que el apagón podría llegar a afectar al 66% de la población de EE UU. Este estudio, publicado en la revista Space Weather, calculó que las pérdidas económicas diarias en aquel país podrían ascender a 41.500 millones de dólares, más otros 7.000 millones de dólares de pérdidas por las interrupciones de la cadena de suministro internacional

Pero no debemos ser tan pesimistas. Hugh Hudson, físico solar de la Universidad de Glasgow in Scotland, asegura en Live Science que ya "hemos visto eventos comparables desde entonces". Cita dos de las llamadas erupciones solares de Halloween de 2003, que en su opinión pueden haber emitido cantidades comparables de energía radiada a la de la tormenta de 1859.

Las "superflores" solares pueden ocurrir aproximadamente cada 3.000 años

Hudson, que en 2021 publicó un estudio al respecto en el Annual Review of Astronomy and Astrophysics, considera que hoy en día una megatormenta solar "tendría un impacto sustancial, principalmente en las actividades humanas en el espacio". El físico asegura que hay pruebas de que el sol puede ser capaz de producir "superfulguraciones" que pueden desatar una energía 10 veces mayor que la del evento Carrington.

¿Para cuándo la próxima? El estudio de 2021 del Astrophysical Journal que analiza los datos del telescopio Kepler sugiere que esas "superfulguraciones" pueden ocurrir aproximadamente cada 3.000 años y las que son 100 veces más energéticas pueden ocurrir cada 6.000 años aproximadamente.

Los anillos y la inclinación de Saturno podrían ser producto de una antigua luna desaparecida

Jue, 15/09/2022 - 21:40

Un nuevo estudio sugiere que una luna perdida de Saturno, a la que los científicos llaman Crisálida, tiró del planeta hasta que se desgarró, formando anillos y contribuyendo a inclinación, según publican en la revista 'Science'.

Los anillos de Saturno son un claro indicio de que el planeta gira inclinado en un ángulo de 26,7 grados con respecto al plano en el que orbita el Sol. Los astrónomos sospechan desde hace tiempo que esta inclinación se debe a las interacciones gravitatorias con su vecino Neptuno, ya que la inclinación de Saturno precesiona, como una peonza, casi al mismo ritmo que la órbita de Neptuno.

Pero el nuevo estudio de modelización realizado por astrónomos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y de otros lugares ha descubierto que, aunque los dos planetas pudieron estar sincronizados alguna vez, Saturno ha escapado desde entonces a la atracción de Neptuno. El equipo cree que este reajuste planetario se debe a una luna desaparecida.

Proponen que Saturno, que hoy alberga 83 lunas, albergó en su día al menos una más, un satélite extra al que llaman Crisálida. Junto con sus hermanos, sugieren los investigadores, Crisálida orbitó alrededor de Saturno durante varios miles de millones de años, tirando del planeta de forma que mantenía su inclinación, u "oblicuidad", en resonancia con Neptuno.

Pero hace unos 160 millones de años, el equipo estima que Crisálida se volvió inestable y se acercó demasiado a su planeta en un encuentro de rozamiento que separó el satélite. La pérdida de la luna fue suficiente para sacar a Saturno de la influencia de Neptuno y dejarlo con la inclinación actual.

Es más, los investigadores suponen que, aunque la mayor parte del cuerpo de Crisálida pudo impactar con Saturno, una fracción de sus fragmentos podría haber permanecido suspendida en órbita, rompiéndose finalmente en pequeños trozos de hielo para formar los característicos anillos del planeta.

Por lo tanto, el satélite desaparecido podría explicar dos misterios de larga data: La inclinación actual de Saturno y la edad de sus anillos, que hasta ahora se estimaban en unos 100 millones de años, mucho más jóvenes que el propio planeta.

"Al igual que la crisálida de una mariposa, este satélite estuvo inactivo durante mucho tiempo y de repente se activó, y los anillos emergieron", señala Jack Wisdom, profesor de ciencias planetarias del MIT y autor principal del nuevo estudio.

A principios de la década de 2000, los científicos propusieron la idea de que el eje inclinado de Saturno es el resultado de que el planeta está atrapado en una resonancia, o asociación gravitatoria, con Neptuno.

Pero las observaciones realizadas por la nave espacial Cassini de la NASA, que orbitó Saturno de 2004 a 2017, dieron un nuevo giro al problema. Los científicos descubrieron que Titán, el mayor satélite de Saturno, estaba migrando lejos de Saturno a un ritmo más rápido de lo esperado, a un ritmo de unos 11 centímetros por año.

La rápida migración de Titán y su atracción gravitatoria llevaron a los científicos a concluir que la luna era probablemente la responsable de la inclinación y de mantener a Saturno en resonancia con Neptuno.

Pero esta explicación depende de una gran incógnita: el momento de inercia de Saturno, es decir, cómo se distribuye la masa en el interior del planeta. La inclinación de Saturno podría comportarse de forma diferente, dependiendo de si la materia está más concentrada en su núcleo o hacia la superficie. "Para avanzar en el problema, teníamos que determinar el momento de inercia de Saturno", señala Wisdom.

En su nuevo estudio, Wisdom y sus colegas trataron de precisar el momento de inercia de Saturno utilizando algunas de las últimas observaciones realizadas por Cassini en su 'Gran Final', una fase de la misión durante la cual la nave realizó una aproximación extremadamente cercana para cartografiar con precisión el campo gravitatorio alrededor de todo el planeta. El campo gravitatorio puede utilizarse para determinar la distribución de la masa en el planeta.

Wisdom y sus colegas modelaron el interior de Saturno e identificaron una distribución de masa que coincidía con el campo gravitatorio observado por Cassini. Sorprendentemente, descubrieron que este momento de inercia recién identificado situaba a Saturno cerca, pero justo fuera de la resonancia con Neptuno. Es posible que los planetas hayan estado alguna vez sincronizados, pero ya no lo están apuntan. "Entonces fuimos a la caza de formas de sacar a Saturno de la resonancia de Neptuno", dice Wisdom.

El equipo realizó primero simulaciones para hacer evolucionar la dinámica orbital de Saturno y sus lunas hacia atrás en el tiempo, para ver si alguna inestabilidad natural entre los satélites existentes podría haber influido en la inclinación del planeta. Esta búsqueda no dio resultado.

Por ello, los investigadores reexaminaron las ecuaciones matemáticas que describen la precesión de un planeta, es decir, cómo cambia el eje de rotación de un planeta a lo largo del tiempo. Uno de los términos de esta ecuación tiene contribuciones de todos los satélites.

El equipo pensó que si se eliminaba un satélite de esta suma, podría afectar a la precesión del planeta. La pregunta era qué masa tendría que tener ese satélite y qué dinámica tendría que sufrir para sacar a Saturno de la resonancia de Neptuno.

Wisdom y sus colegas realizaron simulaciones para determinar las propiedades de un satélite, como su masa y radio orbital, y la dinámica orbital que sería necesaria para sacar a Saturno de la resonancia.

Concluyen que la actual inclinación de Saturno es el resultado de la resonancia con Neptuno y que la pérdida del satélite Crisálida, que tenía el tamaño de Iapetus, la tercera luna más grande de Saturno, le permitió escapar de la resonancia.

En algún momento entre 200 y 100 millones de años, Crisálida entró en una zona orbital caótica, experimentó varios encuentros cercanos con Iapeto y Titán, y finalmente se acercó demasiado a Saturno, en un encuentro de rozamiento que destrozó el satélite, dejando una pequeña fracción para rodear el planeta como un anillo sembrado de escombros.

La pérdida de Crisálida explica la precesión de Saturno y su inclinación actual, así como la formación tardía de sus anillos. "Es una historia bastante buena, pero como cualquier otro resultado, tendrá que ser examinado por otros -señala Wisdom-. Pero parece que este satélite perdido no era más que una crisálida, esperando a tener su inestabilidad".

La Nebulosa de Orión, como nunca antes la habías visto

Lun, 12/09/2022 - 19:28

El Telescopio Espacial James Webb ha capturado las imágenes más nítidas jamás tomadas de la región interior de la Nebulosa de Orión, una guardería estelar situada a 1.350 años luz de la Tierra. Las nuevas imágenes publicadas este 12 de septiembre fueron el objetivo de una colaboración internacional, que incluye investigadores de Western University.

"Estamos sobrecogidos por las impresionantes imágenes de la Nebulosa de Orión. Comenzamos este proyecto en 2017, por lo que hemos estado esperando más de cinco años para obtener estos datos", dijo en un comunicado la astrofísica de esta universidad Els Peeters.

Estas imágenes se han obtenido como parte del programa científico de publicación anticipada Regiones de fotodisociación para todos (PDRs4All ID 1288) en Webb. Codirigido por Peeters, el científico Olivier Berné del Centro Nacional Francés para la Investigación Científica (CNRS) y la profesora asociada del Institut d'Astrophysique Spatiale (IAS) Emilie Habart, PDRs4All es una colaboración internacional que involucra a un equipo de más de cien científicos en 18 países.

Estas nuevas observaciones nos permiten comprender mejor cómo las estrellas masivas transforman la nube de gas y polvo en la que nacen

"Estas nuevas observaciones nos permiten comprender mejor cómo las estrellas masivas transforman la nube de gas y polvo en la que nacen", dijo Peeters, profesor de astronomía en Western.

"Las estrellas jóvenes masivas emiten grandes cantidades de radiación ultravioleta directamente a la nube nativa que todavía las rodea, y esto cambia la forma física de la nube así como su composición química. Todavía no se sabe con precisión cómo funciona esto y cómo afecta la formación de estrellas y planetas". Las nuevas imágenes revelan numerosas estructuras espectaculares dentro de la nebulosa, a escalas comparables al tamaño del Sistema Solar.

"Vemos claramente varios filamentos densos. Estas estructuras filamentosas pueden promover una nueva generación de estrellas en las regiones más profundas de la nube de polvo y gas. También aparecen los sistemas estelares que ya están en formación", dijo Berné. "Dentro de su capullo se observan en la nebulosa estrellas jóvenes con un disco de polvo y gas en el que se forman planetas. También son claramente visibles las pequeñas cavidades excavadas por las estrellas nuevas que son expulsadas".

Los corazones de las guarderías estelares como la Nebulosa de Orión están oscurecidos por grandes cantidades de polvo de estrellas, lo que hace imposible estudiar lo que sucede dentro de ellos en luz visible con telescopios como el Telescopio Espacial Hubble. Webb detecta la luz infrarroja del cosmos, lo que permite a los observadores ver a través de estas capas de polvo mientras revela la acción que ocurre en el interior de la Nebulosa.

El telescopio espacial James Webb descubre una nueva guardería de estrellas en la nebulosa de la Tarántula

Mar, 06/09/2022 - 17:02

El telescopio espacial James Webb ha descubierto, gracias a su visión en el espectro infrarrojo, miles de estrellas en formación en la nebulosa de la Tarántula que hasta ahora no habían sido detectadas. Dentro de la Gran Nube de Magallanes, a 161.000 años luz, dicha nebulosa es la región de formación estelar más grande y brillante del Grupo Local, las galaxias más cercanas a la Vía Láctea.

El James Webb, lanzado el pasado 25 de diciembre, ha revelado, además, la existencia de galaxias lejanas de fondo, así como la estructura y composición detallada del gas y el polvo de la nebulosa. La cavidad de la nebulosa, que puede verse en el centro de la imagen, se debe a la radiación de un cúmulo de estrellas jóvenes masivas, que se observan en azul pálido.

La imagen, tomada por la cámara de infrarrojo cercano (NIRCam), recuerda al hogar de una tarántula excavadora, forrado con su seda, según la describe la Agencia Espacial Europea (ESA) que participa junto a la NASA y la Agencia Espacial Canadiense en el telescopio.

Las zonas circundantes más densas de la nebulosa son las únicas que resisten la erosión de los poderosos vientos estelares de las estrellas jóvenes, formando pilares que contienen protoestrellas en formación, las cuales acabarán saliendo de su polvorienta envoltura para dar forma a la nebulosa.

El espectrógrafo de infrarrojo cercano (NIRSpec) ha captado, por su parte, a una estrella que comienza a salir de su pilar y que aún mantiene una nube aislante de polvo a su alrededor. Por su parte, la ESA ha destacado que, sin los espectros de alta resolución de Webb en longitudes de onda infrarrojas, este fenómeno de formación estelar en acción no podría haberse revelado.

Hay más lluvia de diamantes en mundos gigantes de lo pensado

Lun, 05/09/2022 - 15:12

Un nuevo estudio ha encontrado que la 'lluvia de diamantes', un tipo de precipitación exótica hipotética en los planetas gigantes de hielo, podría ser más común de lo que se pensaba anteriormente.

En un experimento previo, los investigadores imitaron las temperaturas y presiones extremas que se encuentran en las profundidades de los gigantes de hielo Neptuno y Urano y, por primera vez, observaron este fenómeno mientras se formaba.

Al investigar este proceso en un nuevo material que se parece más a la composición química de Neptuno y Urano, los científicos del Laboratorio Nacional de Aceleradores SLAC del Departamento de EE UU y sus colegas descubrieron que la presencia de oxígeno hace que la formación de diamantes sea más probable, lo que les permite formarse y crecer en una gama más amplia de condiciones y en más planetas.

El nuevo estudio proporciona una imagen más completa de cómo se gesta este fenómeno en otros planetas y, aquí en la Tierra, podría conducir a una nueva forma de fabricar nanodiamantes, que tienen una amplia gama de aplicaciones en la administración de fármacos, sensores médicos, cirugía no invasiva, fabricación sostenible y electrónica cuántica.

"El documento anterior fue la primera vez que vimos directamente la formación de diamantes a partir de cualquier mezcla", dice en un comunicado Siegfried Glenzer, director de la División de Alta Densidad de Energía en SLAC. "Desde entonces, ha habido bastantes experimentos con diferentes materiales puros, pero, dentro de los planetas, es mucho más complicado. Hay muchos más productos químicos en la mezcla. Entonces, lo que queríamos averiguar aquí era qué tipo de efecto tienen estos químicos adicionales", añade.

El equipo, dirigido por Helmholtz-Zentrum Dresden-Rossendorf (HZDR) y la Universidad de Rostock en Alemania, así como por la École Polytechnique de Francia en colaboración con SLAC, publicó los resultados en Science Advances.

Varios componentes químicos

En el experimento previo, los investigadores estudiaron un material plástico hecho de una mezcla de hidrógeno y carbono, componentes clave de la composición química general de Neptuno y Urano. No obstante, los gigantes de hielo contienen otros elementos, como grandes cantidades de oxígeno.

En el experimento más reciente, los investigadores utilizaron plástico PET, a menudo utilizado en envases de alimentos, botellas y recipientes de plástico, para reproducir la composición de estos planetas con mayor precisión.

"PET tiene un buen equilibrio entre carbono, hidrógeno y oxígeno para simular la actividad en los planetas de hielo", afirma Dominik Kraus, físico de HZDR y profesor de la Universidad de Rostock.

Los investigadores utilizaron un láser óptico de alta potencia en el instrumento Matter in Extreme Conditions (MEC) en la fuente de luz coherente Linac (LCLS) de SLAC para crear ondas de choque en el PET. Luego, probaron lo que sucedió en el plástico con pulsos de rayos X de LCLS.

Combinación de varias técnicas

Usando un método llamado difracción de rayos X, observaron cómo los átomos del material se reorganizaban en pequeñas regiones de diamantes. Al mismo tiempo, utilizaron otra técnica llamada dispersión de ángulo pequeño, que no se había utilizado en el primer artículo, para medir cómo de rápido y hasta qué punto crecían esas regiones.

Con la dispersión de ángulo pequeño, pudieron determinar que estas regiones de diamantes crecieron hasta unos pocos nanómetros de ancho. Descubrieron que, con la presencia de oxígeno en el material, los nanodiamantes podían crecer a presiones y temperaturas más bajas que las observadas anteriormente.

"El efecto del oxígeno fue acelerar la división del carbono y el hidrógeno y, así, fomentar la formación de nanodiamantes", asegura Kraus. "Significaba que los átomos de carbono podían combinarse más fácilmente y formar diamantes", agrega.

El telescopio espacial James Webb comparte por primera vez una fotografía de un exoplaneta

Vie, 02/09/2022 - 07:21

Los astrónomos han utilizado el telescopio espacial James Webb para obtener una imagen directa de un planeta que está fuera del sistema solar.

La imagen, vista a través de cuatro filtros de luz diferentes, muestra cómo la poderosa mirada infrarroja del telescopio puede captar fácilmente mundos más allá de nuestro sistema solar, señalando el camino a futuras observaciones que revelarán más información sobre los exoplanetas.

El planeta llamado 'HIP 65426 b' posee de seis a doce veces la masa de Júpiter, tiene entre 15 y 20 millones de años de edad y los astrónomos lo descubrieron en 2017 gracias al instrumento 'SPHERE'.

La imagen de Webb está tomada con luz del infrarrojo medio y luz térmica infrarroja, además, revela nuevos detalles que los telescopios terrestres no son capaces de detectar debido al brillo infrarrojo intrínseco de la atmósfera de la Tierra.

La cámara de infrarrojo cercano (NIRCam) y el instrumento de infrarrojo medio (MIRI) del James Webb están equipados con coronógrafos, que son conjuntos de pequeñas máscaras que bloquean la luz de las estrellas, lo que permite a Webb tomar imágenes directas de ciertos exoplanetas como este.

Obtener imágenes directas de exoplanetas es un desafío porque las estrellas son mucho más brillantes que los planetas. HIP 65426 b aparece como una mancha de luz con una forma ligeramente diferente, esto se debe a las particularidades del sistema óptico del telescopio y a la forma de traducir la luz mediante las diferentes ópticas.

Aarynn Carter (investigadora postdoctoral de la Universidad de California en Santa Cruz) afirma en el blog de la NASA que "están por venir muchas más imágenes de exoplanetas que darán forma a nuestra comprensión general de su física, química y formación. Incluso también es posible que podamos descubrir planetas previamente desconocidos".

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Construyen la primera casa pensada para vivir en Marte

Mar, 23/08/2022 - 08:55
Las artistas Ella y Nicki han creado este proyecto que enseña cómo sería la vida en el planeta rojo. Con una base inflable que la levanta del suelo, paneles solares y plantas pensadas para el autoabastecimiento, la casa está diseñada para las características de Marte, como cuenta Bob Myhill experto en investigación espacial.

Así suena un agujero negro: la NASA produce nuevas sonificaciones en la galaxia de Perseo

Lun, 22/08/2022 - 08:00
Desde 2003, el agujero negro en el centro del cúmulo de galaxias de Perseo se ha asociado con el sonido. Esto se debe a que los astrónomos descubrieron que las ondas de presión enviadas desde ese lugar causaron ondas en el gas caliente del cúmulo que podrían traducirse en una nota, una que los humanos no pueden escuchar, 57 octavas por debajo del do medio.

Así suena un agujero negro: la NASA produce nuevas sonificaciones en la galaxia de Perseo

Lun, 22/08/2022 - 07:52

La NASA ha producido una nueva sonificación (la traducción de datos astronómicos en sonido) del característico agujero negro en el centro del cúmulo de galaxias de Perseo. Este agujero ha estado asociado con el sonido desde 2003, cuando los astrónomos descubrieron que las ondas de presión que emitía provocaban vibraciones en el cúmulo del gas caliente que podían traducirse en una nota, una que los humanos no pueden oír.

En esta nueva sonificación de Perseo, las ondas sonoras previamente identificadas por los astrónomos fueron extraídas y audibles por primera vez. Las ondas de sonido se extrajeron hacia afuera desde el centro.

De alguna manera, Perseo revisita las ondas de sonido reales descubiertas en los datos del Observatorio de rayos X Chandra de la NASA. La idea errónea popular de que no hay sonido en el espacio se origina en el hecho de que la mayor parte del espacio es esencialmente un vacío, que no proporciona un medio para que las ondas de sonido se propaguen. Un cúmulo de galaxias, por otro lado, tiene grandes cantidades de gas que envuelven a cientos o incluso miles de galaxias dentro de él, proporcionando un medio para que viajen las ondas sonoras.

The misconception that there is no sound in space originates because most space is a ~vacuum, providing no way for sound waves to travel. A galaxy cluster has so much gas that we've picked up actual sound. Here it's amplified, and mixed with other data, to hear a black hole! pic.twitter.com/RobcZs7F9e

— NASA Exoplanets (@NASAExoplanets) August 21, 2022

Después, esas señales se condensan en el rango del oído humano al escalarlas hacia arriba en 57 y 58 octavas por encima de su tono real. La exploración similar a la de un radar alrededor de la imagen, nos permite escuchar las ondas emitidas en diferentes direcciones. En la imagen visual de estos datos, tanto el azul como el violeta muestran datos de rayos X capturados por Chandra.

La región más brillante a la izquierda de la imagen es donde se encuentra el agujero negro y la estructura de la parte superior derecha es una de las partes creadas por el agujero negro. Este es producido por el material que cae sobre el agujero negro. La sonificación explora la imagen de tres niveles de izquierda a derecha, con cada longitud de onda asignada a un rango diferente de tonos audibles.

Las ondas de radio se asignan a los tonos más bajos, los datos ópticos a los tonos medios y los rayos X detectados por Chandra a los tonos más altos. La parte más brillante de la imagen corresponde a la parte más ruidosa de la sonificación, que es donde los astrónomos encuentran el agujero negro de 6.500 millones de masas solares que captó el Telescopio del Horizonte de Sucesos, conocido en inglés como Event Horizon Telescope (EHT).

Así desmontó Carl Sagan el terraplanismo en 1980 con dos palos y una cartulina

Sáb, 20/08/2022 - 13:47

A día de hoy, todavía existe la creencia precientífica de que la Tierra es plana en lugar de esférica, y prueba de que este debate sigue en pie en pleno siglo XXI es el primer congreso de terraplanistas de Baleares, que se celebrará el próximo septiembre en Menorca para destapar "la gran mentira y estafa de que vivimos en un globo, que damos vueltas alrededor del Sol y que estamos en un espacio infinito" y difundir "la verdadera forma de la Tierra, que es plana".

La noticia saltaba esta semana a los medios de comunicación, y muchos expertos y divulgadores científicos han puesto de manifiesto lo difícil que es convencer a estas personas de que la Tierra es realmente una esfera, a pesar de la evidencia. "No merece la pena convencer a los que se inventan una cosa y quieren que les hagan casito", lamentaba el astrofísico Javier Armentia en el programa Todo es mentira.

Este debate no es nuevo, y ya en los años 80 el famoso astrónomo y divulgador científico Carl Sagan desmontó el terraplanismo en un episodio de la serie documental Cosmos.

Para ello, Sagan se valió de una cartulina, con el mapa del Antiguo Egipto impreso sobre ella, y dos palos pequeños, a modo de torres, que ubicó sobre dos puntos del mapa: uno en Alejandría, al norte, y otro en Siena (actualmente Asuán), más al sur.

Este sencillo experimento ya fue planteado en la Antigua Grecia por el matemático y astrónomo Eratóstenes, conocido por ser la primera persona en calcular la circunferencia de la Tierra.

La clave está en el papel que juegan las sombras que proyectan los objetos verticales sobre el terreno. Eratóstenes observó que las edificaciones de Siena en el mediodía del solsticio de verano no proyectaban sombra alguna, mientras que en Alejandría sí lo hacían en esa misma fecha.

En la recreación llevada a cabo por el divulgador estadounidense, son las torres las que proyectan la sombra sobre la cartulina. "Si en cierto momento ninguna de las torres proyecta sombra, sería perfectamente fácil de entender si la Tierra fuera plana", explica Sagan en dicho capítulo de Cosmos.

Del mismo modo, que ambas torres proyectasen la misma longitud de sombra "sería perfectamente lógico en un planeta plano", prosigue el astrofísico. No obstante, ninguno de estos fenómenos ocurre en la Tierra.

Según Sagan, Eratóstenes se preguntaba hace más de 2.200 años cómo podía ser que, en un determinado momento, una de las torres no arrojase sombra alguna, mientras que en otro punto del mapa esa sombra estuviese claramente definida. "La única respuesta era que la superficie de la Tierra es curva", zanja.